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“Las mujeres no son reticentes al riesgo al momento de invertir, son conscientes del riesgo, que es algo positivo”, plantea Barbara Stewart, quien tras pasar 25 años en la industria financiera, comenzó a investigar sobre la relación entre las mujeres y el dinero.

Hace diez años, en medio de la crisis financiera global, Stewart se sintió motivada a investigar sobre el comportamiento de inversión de las mujeres porque se sintió frustrada por la representación que les daban los medios, como criaturas indefensas sin conocimiento ni confianza.

A nueve años del inicio de su investigación, ya ha entrevistado a cerca de 700 mujeres “exitosas, y altamente educadas”. Esto le ha permitido publicar la serie de libros “Rich Thinking”.

Si bien es difícil tipificar un patrón de comportamiento, porque cada individuo invierte de forma distinta, la investigadora logró identificar una motivación común en la mayoría de los casos: la búsqueda de la independencia financiera.

Nuevas tendencias

Stewart afirma que las mujeres jugarán un rol central en el mundo financiero en los próximos años, no sólo porque representan la mitad de la población mundial, sino también porque un número cada vez mayor está manejando grandes sumas de dinero propio, pero también heredado. “Muchas veces son las hijas las que se hacen cargo de las inversiones de sus padres, eso es parte del cuidado de los ancianos”, dice.

Por eso, señala que como industria “tenemos que saber cómo se comportan y qué es lo que les importa”.

Otra de las nuevas tendencias es un cambio en la socialización de la inversión. “Las mujeres millennial, o más jóvenes, están empezando a usar plataformas de ‘social trading’ en sus propias redes sociales para educarse sobre el dinero. Y esto es positivo, porque a las mujeres les gusta compartir en redes sociales historias positivas, inspiradoras”, dice.

Inversión inmobiliaria

Bajo este contexto, la participación de las mujeres como “inversionistas hormiga” en el rubro inmobiliario ha ido creciendo con los años.

Partieron como un grupo reducido, pero fueron creciendo de manera acelerada, hasta incluso superar en cantidad al inversionista tradicional, es decir, aquel que utiliza su capital para adquirir varias viviendas y vivir de las rentas que éstas generan.

La masa de interesados en este tipo de inversión, si bien es homogénea en los distintos grupos etarios, se centra entre los 35 y 44 años. De estos, el 65% reside en el sector oriente de Santiago, principalmente en las comunas de Las Condes, Ñuñoa y Providencia. Generalmente son solteros, y sus ingresos oscilan entre un millón y dos millones de pesos.

Los principales rasgos de las viviendas que buscan los inversionistas hormiga es la ubicación de los proyectos, seguidos por el precio (78%) y la facilidad que tienen estas viviendas para arrendados (44%).

 

 

Fuente: DF, Revista NOS.