Con el auto hasta la puerta del departamento

 

El primer desarrollo inmobiliario de Porsche es un cilindro negro de casi 200 metros de altura en Miami Beach. Por fuera imponente, pero su secreto más espectacular está dentro. Son tres ascensores en los que los residentes pueden subir hasta la puerta de sus departamentos sentados dentro del vehículo.

“Es un edificio pensado para los locos de los autos”, dice Gil Dezer, su promotor. La torre costó más de 400 millones de dólares y el ascensor, en el que trabajó una treintena de ingenieros de Estados Unidos y Alemania, 40 millones, incluidos seis que se gastaron en montar en Chicago una pequeña torre de réplica para hacer pruebas por exigencia del servicio de bomberos de Miami, que nunca había dado una licencia tan exótica.

Dezer ejerce de maestro de ceremonias para enseñar cómo funciona una innovación que “marcará en el futuro la manera de estacionar autos en los edificios altos”, sostiene. El conductor no tiene que hacer nada. Apaga el motor y una plataforma robótica se encarga de colocar el coche en su sitio exacto. El proceso de acomodamiento lleva un par de minutos, pero en cuanto se pone en marcha la subida es veloz. 

¿Quiénes son los compradores? El constructor sólo da pistas. “Grandes ejecutivos, famosos, algún cantante que escuchas todo el rato en la radio. Hay un tipo que es presidente de una bebida que tomas a menudo, un magnate del videopóker o un individuo que tenía una fábrica de Nike en Argentina, la vendió a la compañía y se retiró”.

Al llegar al departamento  el ascensor se detiene en una habitación con entrada directa al salón, un espacio enorme con un ventanal desde el suelo hasta el techo con vista al mar de Miami. “Desde la calle directo a tu casa”, resume Dezer. “Esta es la idea. Puedes vivir como un ermitaño dentro de tu deportivo”.

La Torre Porsche aúna los dos atributos de la familia. El padre de Gil, Michael Dezer, hizo su fortuna en el mercado inmobiliario de Manhattan y tiene una colección de más de mil autos, entre ellos, “todos los batmovil, el DeLorean de Regreso al futuro y uno de James Bond”, precisa su hijo, que dispone a su vez de 30 deportivos. A pie de torre, enseña el Porsche que le llegó la víspera desde Alemania, un ejemplar de 372.000 dólares y 700 caballos, para cumplir con uno de sus mayores placeres: “Acelerarlo y sentir cómo los ojos se te incrustan en el cerebro”.

 

Fuente: El País