El Centro de Madrid prefiere vivir solo

 

Emilio Orduña creció en el barrio del Pilar, en el norte de Madrid, lo que significaba estar todo el día metro arriba, autobús abajo para salir a cualquier parte. Por eso, cuando terminó la universidad hace 12 años, decidió mudarse al centro. “Voy a trabajar en bicicleta [a Manuel Becerra] y el resto del tiempo puedo moverme andando a todas partes”, señala este arquitecto de 40 años que vive, solo, en la plaza de Tirso de Molina. Lo de vivir solo se debe más a circunstancias de la vida que a una decisión consciente, explica, pero lo cierto es que se trata de la opción más común a su alrededor. En todo el distrito Centro casi uno de cada dos hogares son unipersonales (48,5%), alcanzando virtualmente la mitad en cuatro de sus seis barrios: Cortes y Sol (49,92%); Justicia (49,73%); y Universidad (49,29%), según la estadística del Ayuntamiento de Madrid, referida al año pasado.

Aunque tradicionalmente las personas que vivían solas en España eran principalmente mayores —sobre todo mujeres— que se habían quedado viudas, hace años que los especialistas tienen identificado el auge de un perfil muy distinto: “Jóvenes y solteros o maduros-jóvenes separados y divorciados con un nivel de instrucción elevado y categoría socioeconómica media o alta”, escribían las investigadoras de la Universidad de Barcelona Cristina López Villanueva e Isabel Pujadas Rúbies. En el Centro de Madrid, el 45% de las personas que viven solas tiene entre 30 y 50 años; y, justo en esas edades, los hombres representan algo más de la mitad.

“El incremento de las rupturas de parejas, la emancipación en solitario o el aumento de la independencia residencial de las personas de más edad sitúan el hecho de vivir solo como una opción residencial más a lo largo de diferentes momentos del curso de vida”, explicaban en su trabajo López Villanueva y Pujadas Rúbies.

La misma tendencia se está produciendo en las grandes ciudades de todo Occidente y, a partir de las urbes, está impactando en las cifras globales. En Europa, sin ir más lejos, el tipo de hogar más común es ya el unipersonal: 33,6% del total, según datos de 2017 de la oficina de estadística de Unión Europea (Eurostat). Y en ese contexto, España, en realidad, está muy lejos de otros países del centro y norte del continente y de sus capitales: en Holanda son el 37,7% de las viviendas, en Alemania, el 41,2% y en Dinamarca el 44,4% entre cosas, porque en Ámsterdam, Berlín y Copenhague superan ampliamente la mitad de las residencias. En España, la cifra es del 25,6% y la media de todo Madrid (del Centro y los otros 20 distritos), del 30,7%.

En general, el fenómeno se aprecia más en los centros urbanos, ya “que ofrecen un alto nivel de servicios y responden así a las necesidades de las personas solteras, atraen a jóvenes a través de la educación, el empleo y la oferta de ocio, y suelen caracterizarse por propiedades más antiguas y más pequeñas que tienden a alquilarse”, dice una nota de prensa del pasado verano en la que Eurostat analiza las estadísticas.

Esos alquileres de casas antiguas y pequeñas pueden sugerir —y alguna vez probablemente fue así— precios baratos que facilitan la opción de vivir solo. Sin embargo, desde 2014, las rentas en Centro se han encarecido casi un 40% por la escasez de oferta, la recuperación económica, el cambio normativo en la duración de los contratos y la presión de los pisos turísticos. “Yo he tenido suerte con mi casero, pero en octubre tengo que renovar el alquiler y quizá tenga que irme y buscar fuera del centro”, asume Orduña.

Está por ver si ese encarecimiento frena algo la tendencia de los hogares solitarios —o simplemente cambia su perfil hacia personas con más dinero—, pero de momento la estadística sigue mostrando un ascenso acelerado en los últimos años: en 2001, eran el 42% de las residencias del distrito; en 2011 el 44% y ahora ya van por el mencionado 48,5%. Preguntado el Ayuntamiento, un portavoz de la Junta de Centro apunta que “el precio del metro cuadrado y la tipología de vivienda hace que las familias sean más pequeñas”, aunque la población ha crecido ligeramente. “Nuestra idea es proteger los usos residenciales con el plan especial de usos turisticos, asegurar equipamientos para las familias (escuelas, polideportivos…), y mejorar la movilidad y las zonas verdes”, dice.

 

Fuente: El País